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martes, 3 de mayo de 2011

Mi vecina

Por las noches oigo pasos en el rellano. Siempre imagino que sale un señor del piso de mi vecina. Que él, con estos encuentros fortuitos, consigue salir de su monotonía y que ella evapora las pesadillas que cada noche la consumen un poco más. Fuera de crear mentalmente películas, mejor que algunos directores, todavía no he conseguido averiguar quién es el ser misterioso que pasea por mi rellano a esas horas, más que nada porque me da pereza despertarme.

Mi vecina es una mujer relativamente joven, pero que los cumpleaños se reflejan en su rostro de dos en dos. Suele buscar consuelo en las botellas llenas de cerveza que acaban por vaciarse y por recordarle su soledad.

La decadencia de mi vecina comenzó el día que conoció a X. Un chico, no una letra, guapo, simpático y con una madre insoportable. Mi vecina, entonces y ahora, era una chica muy moderna, que hablaba cuatro o cinco idiomas, que tenía un puestazo en una empresa y que le entró mal a su futura suegra. Así comenzó un tira y afloja, justo antes de casarse, que ganó sus suegra. Y el noviazgo, que con tanto cuidado construyeron, se rompió en cinco segundos en muchos pedazos.

Él desapareció y ella comenzó a conocer otros ambientes. Dejó su trabajo y aceptó, resignada, que su mundo se derrumbara poco a poco. Entonces, conoció a L, amigo de sustancias que no estaban hechas para él. Y tan pronto como llegó, se marchó. Dejando un nuevo mundo de lágrimas.

Sin separarse de su botella, conoció a un chico egipcio y se casó con él. Dejó de beber porque se convirtió a la religión musulmana. Aunque sólo cuando él no está a su lado. Cuando visita a sus otras esposas.
Nadie sabe el consuelo que encuentra en sus copas, a las que se aferra como si le dieran la vida o, quizás, le devuelve a la memoria esos recuerdos de los que no quiere desprenderse.





lunes, 2 de mayo de 2011

La Edad Media del siglo XXI

Las últimas noticias son como una máquina del tiempo. La boda real, la beatificación y la muerte de Bin Laden me trasladan a la Edad Media. Cuando los terratenientes y los primeros reyes saludaban en el balcón a sus súbditos, cuando la religión dominaba la ciencia y cuando la venganza sustituía a la justicia.
Para todos los políticos y compañeros que por su situación privilegiada mueven los hilos avisamos que no nos apetece volver a vivir esa época, que ya tuvo lugar. En la que quemar a una mujer porque el vecino, al que le negó un beso, la acusó de bruja ya pasó. Que ahora queremos vivir en el siglo XXI, un tiempo en que la igualdad, la ciencia y la justicia deberían, porque no lo están, ser las palabras clave.

Estos tres acontecimientos cargados de dudas, de incertidumbres y de datos que no cuadran se aceptan como la Ley de la Gravedad. La monarquía se concibe, por mucha gente, como una institución anacrónica, machista y desigual. Los ciudadanos soportamos enormes cargas económicas para pagar la vida de una familia, porque unos antecesores decidieron declararse a sí mismos, por su situación económica privilegiada, Rey por la gracia de Dios. Pues aviso que yo me declaro emperatriz del mundo por la gracia de las letras de Internet. Millones de personas que no llegan a fin de mes ven como su dinero se usa para pagar los vestidos de una señora anoréxica, los viajes a Mallorca y los caros regalos a insectos que van chupando la sangre o aprovechan la hucha sin fondo los primos, tíos y demás familia. Una institución en la que predomina la sucesión de un hombre sobre una mujer. Pero sobre todo, que no hemos elegido por sufragio universal. Que ningún político ha preguntado al pueblo, al que representa, si de verdad la queremos o preferimos que se vayan de vacaciones perpetuas, pagadas por ellos, puntualizo.

El dominio de la religión sobre la ciencia se resume con una fácil imagen. Conocidos que todavía consideran que acabarás ardiendo en el infierno. Si de verdad existe, yo sé que seré más feliz allí que en un aburrido cielo en el que nadie tiene vicios, confesables o inconfesables. Lo curioso es que ese tipo de gente cree tener la verdad absoluta del cielo y el infierno, esa dicotomía que, simplemente, no podría existir la una sin la otra. Al igual que sucede entre el bien y el mal, lo bonito y lo feo. Pero las dicotomías son siempre subjetivas. Esa gente nunca da opción a escuchar otras ideas, más científicas y numéricas y menos sentimentales e imaginativas. Esas personas que con ir a misa limpian sus pecados, sus malos actos, su falta de empatía hacia los demás. Esa gente que apoya, sin saber o sin querer saberlo, a una mafia elitista.

El tercer aspecto la muerte de Bin Laden, un cabeza de turco. Si hay un atentado se necesita un culpable. El malo de la peli, alguien a quien poder culpar. A un heróe negro que puedas matar en el momento justo que más interesa a un Estado. A un país que, al igual que China, desconoce la Declaración de los Derechos Humanos. Que puso su esperanza en un presidente negro. O que usa al dirigente de color como títere para simular una igualdad de raza, de religión y de pensamiento que no se refleja en la realidad. Demostrar que la venganza gana a la justicia.Romper con el esfuerzo de mucha gente que luchó por unos derechos y una igualdad. Abrir todavía más la brecha de Oriente y Occidente. A todos ellos Enhorabuena.


Esto es un pequeño resumen. Por favor recordad que no estamos en la Edad Media. Si no es por todas estas razones, que deberían preocupar y mucho, escoged como razón que entonces no había Internet, ni facebook, ni Iphone, ni nada.....





viernes, 29 de abril de 2011

Él iba en bicicleta….

Cuando se conocieron, él iba en bicicleta. Ella observaba con paciencia cómo giraba la tierra desde los cristales de su ventana, que no siempre permitían ver con claridad. Entonces, él solía hacerla reír con cualquier pretexto, y ella todavía creía en las bondades de este mundo.
Paseaban en el parque al amparo de las hojas de otoño, del sol de agosto o de las gotas de lluvia que revitalizan el alma a finales de año. Bailaban descalzos las melodías que se desprendían de una guitarra imaginaria. Se comunicaban con las miradas de los ojos, sin mediar palabra. Se olvidaban del futuro y de las lenguas ajenas a su círculo. Una figura creada por ellos que desprendía perfección o imperfección, según se mire y según se quiera.
Hasta que un día, simplemente, sus caminos se separaron y dejaron de saber algo el uno del otro. Se dieron cuenta de que no se conocían nada en absoluto.
Él siguió pedaleando. Ella volvió al rincón de su ventana y se percató de que sus cristales estaban algo sucios.

jueves, 28 de abril de 2011

¡Qué vivan los novios!

A mí no me gustan las bodas. Y tengo mis razones, no lo digo al azar de cara o cruz.
Me da pereza pensar en la organización del evento, que, reconozco, tiene sus complicaciones y sus discusiones. De hecho, estoy convencida de que es el peor día para los novios porque tienen que estar pendientes de que todo salga a la perfección.
Un simple fallo o una rosa mal colocada, que en la vida normal no tiene ninguna importancia, en el momento de la ceremonia o del banquete pueden convertirse en toda una catástrofe. De esas catástrofes que como el aleteo de una mariposa, en cualquier lugar del mundo, pueden decidir el futuro de la pareja de otro continente en los próximos años o segundos. Que el menú no salga como se había planeado supone una falsa excusa, pero suficiente para echársela en cara a tu pareja el resto de tu vida. En esos momentos en que las discusiones irreales y las medias verdades se aferran a las palabras.
- ¡La culpa la tienes tú porque te decantaste por el helado de vainilla y no el de chocolate!

La opción para evitar todos los nervios, además de no casarte, es que los novios se pillen el ciego de su vida y estén en el mundo de las mariposas.
Riesgo importante: La novia acabará tirada por el suelo con un bonito vestido gris tirando a negro y simulando que en vez de un casamiento se trata de un funeral. En sentido literal porque se pierde la independencia y porque es posible que le dé por dejar que sus lágrimas inventen un camino en sus mejilla a la par que sus palabras ensalzan la amistad: - Seremos amigas para siempre hip, seguiremos quedando todos los sábados hip.

De nuevo una media mentira. La misma que se responde a la pregunta, esa larga de hasta que la muerte os separa, que, a veces, bien podría cambiarse por, no la conozco literal: ¿Juras amar y respetar [..... *] hasta que encuentres otra persona que te guste más?
Así son las bodas, aunque la pregunta que hagan sea trampa.

A pesar de que no me gusten especialmente las bodas, no voy a decir de este agua no beberé porque me veo trangándome todo el botijo. Y, además, empatizo con los ilusionados novios. Esos que te dan la chapa dos años antes cuando dicen con una sonrisa de oreja a oreja:
- Chicas (risitas), tengo que deciros una cosa, me caso dentro de tres años, en el 2012.... (Las bodas se preparan con mucho tiempo de antelación. El suficiente para enamorarte y desenamorate de tu novio varias veces y que te lo pienses bien)
- Enhorabuenaaaaaaaaaaaaaa (gritan, estupefactas, las amigas a coro)
Y así se pasan los días, semanas, meses y años hasta el día B. De bodorrio. Una jornada que marcará el resto de tu vida....
Así que futuros novios crucen los dedos para que no llueva, no se rompa la vajilla y mantengan a bocazas, siempre hay secretos, al margen y......
¡Qué vivan los novios!

P.D. Con este post no pretendo intentar escaquearme de las bodas porque hay algunas que sí que me hacen ilusión. Es de nuevo, simplemente, un poco de humor.... yo ya me vengaré con mi boda....




martes, 19 de abril de 2011

domingo, 10 de abril de 2011

Malditos ojos

Toda la culpa la tenían los ojos. Son demasiados sinceros. A veces pierden la coordinación con el cerebro y el alma y se les escapa una verdad. Una mirada se transforma en la palabra que no quieres decir. La que prefieres guardar. La que sabe ocultar el hecho.

La pregunta aparece: ¿Qué te pasa?
- Nada, contestan el aire y los sonidos de la boca.
Pero ya es demasiado tarde, los ojos habían vuelto a traicionarle.

P.D. Para aquellos pocos que saben leer las palabras que salen de los ojos.
P.D.2. He demostrado con el blog mi falta de constancia, eso ya lo sabía yo, y también quería esconderlo con las palabras.